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Durante los últimos tres
años Javier Arce viene desarrollando la serie de dibujos
Estrujados. Éstos no son sólo el resultado de la reflexión
sobre la evolución del arte en el contexto de los sistemas
de producción, sino también sobre los usos que hacemos
de las imágenes señeras de la historia del arte y
del lugar que éstas ocupan en el imaginario colectivo contemporáneo.
También se detiene ante el dilema perenne entre copia y original,
al que se aproxima desde una inteligente y muy cáustica postura
que tiene su origen en la propia estética utilizada por el
artista. Javier Arce trabaja con un papel irrompible, fácilmente
manipulable que se distribuye en grandes cilindros, dispone superficies
más o menos extensas de este papel sobre el suelo y reproduce
con rotulador obras míticas del arte de diferentes épocas
como la Capilla Sixtina, Las Meninas, Los fusilamientos del 3 de
mayo, Guernica o las Cajas Brillo. Una vez terminada la reproducción,
el artista arruga el papel hasta convertirlo en un gurruño.
Arce ha diseñado diferentes tipos de presentación
del trabajo. Puede ser colgado directamente sobre el muro o dentro
de una cajita de metacrilato; puede ser estrujado como una bola
de papel y dejarlo tirado en la sala de exposición; puede
introducirse en una bolsa de basura y también puede meterse
en una caja de cartón de las que se utilizan para transportar
cualquier mercancía.
A mil cuatrocientos metros de
los dibujos rectificados, es el título de la exposición
que se podrá ver a partir del 25 de Marzo en la Galería
Max Estrella de Madrid.
La exposición se compone
por dos grupos de obras:
En primer lugar, el artista quiere situar al espectador fuera de
la galería, y llevarlo hasta el Museo del Prado. Mil cuatrocientos
metros separan la pinacoteca de la galería. Separan la serie
original de pinturas que realizó Francisco de Goya en La
Quinta del Sordo, con la copia original de las pinturas de La Quinta
del Sordo "estrujada" de Javier Arce. Aunque, en este
caso, no sólo se trata de copiar una obra pictórica,
sino que el artista intervendrá el espacio de la galería
estrujando tanto éste como la pared. Con este gesto el artista
reflexiona sobre el poder del marco, la cultura de masas o la importancia
que tiene el nombre de un museo para definir qué es arte,
e invita a valorar la experiencia barata de mostrarse ante una obra
original copiada.
En segundo lugar, esta muestra
incluye la apropiación que hace Javier Arce de los Desastres
de la Guerra, que se pueden ver a su vez en la sala de la Calcografía
Nacional. Arce se apropia tanto de los Desastres de Francisco de
Goya (original-copia), como de los que hicieron los Chapman Brothers
sobre la edición original del pintor aragonés. Estos
hermanos artistas tan mediáticos aportan desde una visión
anglosajona en el siglo XXI otra capa sobre el mensaje de las imágenes
de los grabados de Goya.
Con este gesto Javier Arce no
sólo reflexiona sobre el concepto de originalidad (entendido
en su acepción de obra única) y, por los tiempos que
corren, su más que posible reproducción pirateada.
Sino que hace que nos preguntemos si es posible reescribir con humor
grotesco lo que sucedió hace 200 años (que curiosamente
sucede en la actualidad). O si, dentro de este negocio global del
Arte, el artista, el galerista, el director de museo o incluso el
teórico-critico del arte está (estamos) dispuestos
a recibir un puñetazo lleno de postmodernidad?
En este tanteo de los contornos,
Javier Arce se ha cifrado en tensar el espacio de lo artísticamente
posible hasta aquellos territorios híbridos y preliminares
en los que el Arte con mayúsculas, en tanto expresión
de la "alta cultura", se contamina de aquellas manifestaciones
que emergen de la iconosfera popular. Lo que Arce pretende cuestionar,
casi siempre de una manera irónica, son estas barreras: lo
que de convencional y construido tiene este "registro"
o "tono" elevado que se atribuye como propio del discurso
artístico instituido y que se establece como marca de diferenciación
con respecto a esas otras prácticas significativas.
El punto de partida de su trabajo se sitúa en la brecha que
señala el fracaso del proyecto vanguardista. Por una parte,
en su empeño de desnudar el arte de toda función ideológica
o representativa y de cualquier finalidad mercantilista, para convertirlo
en la expresión pura del yo del artista. Y por otra, en su
intento de diluir los límites entre cultura de élite
y cultura de masas como un modo de transgredir las fronteras entre
arte y vida. La mirada de Arce se proyecta desde una posmodernidad
que pone en cuestión no ya la tradición, sino la misma
modernidad.
Este joven artista viene avalado por diversos reconocimientos. El
pasado año disfrutó de una beca en el I.S.C.P. (International
Studio & Curatorial Program), New York, E.E.U.U. y fue becado
por la Fundación Arte y Derecho en 2008. Anteriormente se
le otorgaron becas tan prestigiosas como las Becas Hangar, Barcelona
y de la Fundación Marcelino Botín, Santander. En cuanto
a premios, en 2007 recibió la Mención de Honor del
Premio ABC y de Generaciones 2007 de Caja Madrid.
Javier Arce
GALERIA MAX ESTRELLA. Santo Tomé, 6 (patio)
Desde el 25 de marzo hasta 8 de mayo de 2010
Lunes a viernes: 10-14 h. y de 16,30-20,30 h. Sábados: 11-14
h. y de 17-20,30 h.
Inauguración: jueves 25 de marzo a las 20 h.
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