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La verdad es una excusa, segunda exposición individual de Eugenio
Ampudia en Max Estrella, amplía y ensancha los motivos y temas
centrales de realización del artista a la vez que activa modos
distintos y específicos de gestión técnica y
disciplinar.
En el tiempo transcurrido desde finales de 2003, fecha de su anterior
muestra madrileña, hasta hoy, puede decirse que Ampudia ha
querido extremar una de las apreciaciones críticas respecto
a su labor, aquella que consideraba su complejidad lingüistica
íntimamente ligada a la imposibilidad del arte para ser transformado
en algo más que sí mismo.
La verdad es una excusa, como
la pieza a la que debe el nombre, habla del arte, de su lenguaje
transmisor y de los interlocutores que intervienen en el discurso,
pero habla también o igualmente de asuntos que nos atañen
al margen del arte mismo, así la identificación con
una identidad concreta y determinada, la memoria y sus vínculos
con lo real, lo acompasado del fracaso
y lo cadencioso y constante
del naufragio. Y lo hace articulando disciplinas clásicas
-la escultura y el dibujo- con estipulaciones sino ajenas, sí
que contravienen las normas y usos habituales, a la vez que participan
del ámbito de la instalación y la construyen mediante
tecnologías actuales. Sus dibujos a tinta o realizados con
pegamento, responden más a una tradición de lo nuevo
-la figura de Duchamp duerme en sus anaqueles desde el siglo pasado-,
que a los avatares de lo coetáneo. Implican, una vez más,
al espectador y, sobre todo, al propietario, que, al paso del tiempo,
verá crecer la imagen del dibujo con el polvo, la piel descamada
y otras adherencias extraartísticas.
En la puerta de la galería
mea El perro de Tonetty -ya lo hizo antes en la fachada del Museo
Artium de Vitoria- y marca su territorio como el artista marca su
sitio y señala sus propiedades. La relación de Ampudia
con los perros es antigua, su presencia en su trabajo permanente.
Es más, la leyenda al pie de un esbozo de un perro echado
en una playa, dicta: La verdad es una excusa.
La playa, y aún más
los ciudadanos que empezaron a frecuentar la orilla del mar para
su solaz y descanso, están en el origen mismo de la modernidad
pictórica que Ampudia convierte en protagonista de su video-instalación
Impression. Soleil levant. En efecto, el visitante pisa la arena
de la playa y contempla el triste pecio que las protovanguardias
despositan en la arena: El origen del mundo, de Courbet; la Olimpia
y El almuerzo campestre, de Manet;
La habitación de Arlés, de Van Gogh y Arearea, de
Gauguin. Imágenes que aunque desapareciesen físicamente
arribarían permanentemente al borde de nuestro conocimiento.
Para Ampudia no hay verdad incontrovertible
y todo, tanto nuestro sistema de creencias como la memoria puesta
en el pasado próximo o lejano, incluso la percepción
y observaciones que efectuamos responden a un engaño conceptual:
no existe lo verdadero, sino un punto de vista, un emplazamiento
respecto a lo real. De ahí que la verdad cambie con solo
una mudanza elemental de los dispositivos de la realidad.
El video de La verdad es una
excusa mediante el simple mecanismo de invertir el sentido de la
proyección cinematográfica "devuelve" a
los exiliados españoles de la Guerra Civil a su lado propio
de la frontera, los hace regresar a casa ante nuestros ojos y pone
en evidencia, mayor y más sangrienta, la crueldad de su destino
histórico y su paralela hermandad con los exiliados contemporáneos.
Los cojos andan hacia atrás, los niños beben las lágrimas
de sus ojos, los guardias franceses recuperan un coche caído
o volcado y el paso de Le Perthus reintegra a España españoles
que nunca dejaron de serlo.
Por el suelo, instrumentos mecánicos,
robots a medio camino entre la pistola y el coche infantil "hacen
puré", en palabras del artista, frases del Hiperion
-ese muchacho devastado por la guerra y la naturaleza humana- de
Hölderlin: "Las olas del corazón no estallarían
en tan bellas espumas, ni se convertirían en espíritu,
si no chocaran con el destino, esa vieja roca muda."
Eugenio Ampudia
GALERIA MAX ESTRELLA. Santo Tomé, 6 (patio)
Desde el 12 de septiembre hasta el 3 de noviembre de 2007
Lunes a viernes: 10-14 h. y de 16,30-20,30 h. Sábados: 11-14
h. y de 17-20,30 h.
Inauguración: miércoles 12 de septiembre a las 20
h.
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