Nico Munuera


Nico Munuera propone un trabajo que se construye desde una mirada lenta y una mirada fluida. Lejos de ser una afirmación caprichosa, y aún reconociendo su apariencia contradictoria, esta paradoja se justifica si asumimos que en su pintura la imagen nunca parece mostrarse al completo. Como si únicamente accediésemos a una parte de su proceso de revelado, ante sus pinturas sentimos una suerte de seducción abismal, una atracción indefinida. Nuestra atención se demora y no parece ganar consistencia, seguramente porque todo se concentra en el color, que actúa de horizonte, pero también de muro. El color como elemento estructurador desafía lo intuitivo, al tiempo que exige un tempo lento, meditativo, como quien suspende una nota en una agonizante armonía. Se establece así una idea de desplazamiento.

Es, precisamente, en la dificultad de concreción de la imagen donde brota su poética. En este caso, intuimos un mar de fondo, que como las nubes no tiene límites para acabar envolviéndose en su propia proyección. El agua, como la pintura de Nico Munuera, es una presencia misteriosa que no nos permite adivinar qué miramos, nos hace dudar. Como quien busca la experiencia del espectador en sí misma, sensación que en estas pinturas se impone a la propia imagen. Todo obedece al proceso de interiorización de la mirada, de prolongar nuestras sensaciones, de penetrar. La naturaleza se desprende de todo elemento narrativo que pueda perturbar nuestra atención como espectadores. (Fragmentos del texto Avanzar en la pérdida de David Barro)

Nico Munuera obtuvo el Premio Generación 2005 y desde entonces ha sido beneficiado de varias becas, la de la Casa Pintada en Nueva York y la de la CAM en Berlín en 2012.  Ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas. Recientemente en la Fundación Belondrade en Valladolid y en la Galería Rosenthal de Chicago. En 2017 tiene prevista una retrospectiva en el IVAM, Valencia.

www.nicomunuera.com